martes, 2 de enero de 2007

 

MIMO-EXPLOITATION, el arte de "no dar el callo".

Tras adentrarme con ocasión de la Navidad hacia las más céntricas calles, compruebo un año más que nada difiere del año anterior, ni del anterior al anterior, ni del anterior al anterior del anterior...Las mismas luces de las mismas bombillas a lo largo de la calle, el mismo vendedor de castañas y, la sempiterna melodía de villancico como hilo musical. Todo sigue igual. Todo salvo un pequeño detalle: el maremagnun de trabajadores callejeros (senegaleses del Emule, pedigüeños de ocasión, y mimos) semeja haberse cuantiplicado. Es así que, cual si los creadores de la oveja Dolly hubiesen proseguido el experimento en el ámbito callejero, decenas de estos trabajadores se disponen en una larga fila paralela a los "comercios de toda la vida".
Ocasión pues para revivir la figura del inanimado mimo, o, mejor aún, la de su siguiente paso en la escala in-volutiva: el cutre-mimo. Si mientras los primeros mimos se movían -aunque no dijeran ni mú-, las nuevas mímicas generaciones no solo no mueven la boca sino que se quedan más quietas que -por poner un ejemplo- Sarita Montiel bajo los efectos de una inyección de Ketamina. Lejanos quedan pues los tiempos en que Lindsay Kemp se mostraba en mallas al público burgués ávido de "ceñidas sensaciones", para, en cambio, llegar a una época en que el mimo podría identificarse sin problema con la figura del vulgar pedigüeño callejero. Quizás, debido a que la era del clásico mendigo de lema "No tengo travajo, tengo nuebe ijos" ha sido exprimida hasta el más obsoleto no-sense, y, en consecuencia, se ha producido un trasvase de efectivos de un campo artístico a otro; por no mencionar el hecho de que la ciudadanía a la hora de soltar el medioleuro exige que te lo trabajes a la hora de pedir...aunque -misterios de la vida- sea moviéndote lo menos posible. Es así que, alcohólicos, yonkis, y gentes lunáticas acaban por abrazar la dinámica de estos artistas callejeros, invadiendo las céntricas calles y -en clara competición con los del topmanta colindantes- liándose sus propias tope-mantas a la cabeza. Hay que decir que, por otro lado, esta raza de "payasos sin color" induce el mismo mal karma que se siente ante el circo de Ángel Cristo (o ante su dueño mismamente): como las mallas de la veterana trapecista roídas en la parte del trasero por el uso del trapecio los cutre-mimos acaban por mostrar ese detalle que nos informa de que un cutre-mimo puede ser más penoso que el mimo más triste de la Tierra. Pueden ser unas bambas agujereadas asomando por debajo del disfraz o, el tatuaje taleguero en los dedos de la mano que sostiene la flor. Como en todo también en la Mímica existen rangos: los que como si de un autodestructivo Goldfinger se lo hacen echándose por el cuerpo un bote de spray dorado (o plateado, que "a gusto" se pintan colores); los que se plantan con la "flor de vendedora china" en la mano; o el que se pasa el "curro" por el forro, como es uno que la mitad de las veces lo ves apeado de su pedestal (en verdad un cubo de plástico vuelto del revés), echándose la truja y hablando con algún vendedor de los alrededores (unas horas después, de camino a tu casa, con suerte lo ves desde la acera videando el partido en un bar, sin haberse desprendido de la pintura de la cara, el brazo apoyado en la barra y, gritándole "hijo puta" al árbitro). Por último, mencionar la propensión más depurada de quietismo callejero: el de aquellos mimos que se mimetizan cubriéndose de ceniza, o de barro, o...de sabediosqué, y que de esa guisa se apoltronan en una silla tirándose en el suelo para pasar la tarde sin dar palo al agua. Una vertiente sin duda ideal para adictos a opioides o, simplemente, para pasar las resacas de estas fiestas.
Como "Extra adicional" hete a continuación una fiel muestra fotográfica de las últimas tendencias anti-cool en cuanto a Moda mimosa:





Camelo Films rueda "Alí Babea".




-jijiji...un guiri más y ya tengo pa 2 cartones de Cruzares.






Mimo ConDón.




Mimo hasta las últimas consecuencias.

Comments:
A mí me gusta hacer mimos, más que hacer el mimo, y todavía más que me hagan a mí. Es que soy muy mimosa.
 
http://www.lacoctelera.com/myfiles/invectiva/mimosin.jpg
 
a mí me gustan las mamadas con mimo...y, de hecho, voy a cambiar mi nombre por el de mimo-sin.
 
Ya sabía yo que eras un chico muy dulce, Sin. Yo las hago con mucho mimo... y con mucha pasión, y con mucha lujuria. A veces hasta muerdo, pero eso sí, mimosamente.
Tranquilos, todavía no se la he arrancado a nadie. De hecho nadie se ha quejado nunca de mis mordisquitos...
 
si es que tenemos una groupie que no nos la merecemos.
 
Vamos a jugar a que ella es Neus Asensi y nosotros los mafiosos en Torrente. Ender podría ser el enano que vende cupones caducaos. Y usu ano estaría muy bien como la monguis gritona.
 
Has pensado, Sin, que a lo mejor no son mimos sino esquizofrénicos catatónicos dejados ahí por sus familias para ver si ayudan a la economía familiar...les imagino, como en una pesadilla de Lynch, agarrotados, sin poder moverse y reconcomiéndose por dentro : "mamá, japuta, en cuanto pueda moverme vas a pillar"...eso da aún más mal rollo,no?
 
jejejiee, pues encaja perfectamente...Hay que ver lo apañadas que pueden llegar a ser las madres.
 
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