lunes, 10 de noviembre de 2008

 

Cuerpos gloriosos

El mundo de la política es feo. Feísimo. Horrendo. Y no hablo figuradamente. Fíjense en sus líderes políticos. Ahora fíjense en los contrarios. ¿Notan alguna diferencia? No, ¿verdad?. Son todos igual de feos. Qué ocurre? ¿Son las procelosas aguas de la política idóneas para según qué marineritos? ¿O son, tal vez, los siete mares del mangoneo ministerial el hábitat perfecto para que el tonto de pueblo, el feo del barrio o el friki de turno se nos revelen como un Jack Sparrow de mentón huidizo y orejas de soplillo?

Probablemente alguno estará pensando que bien a gusto él se follaría a fulanit@ del PP o a menganit@ del PSOE, pero, salvo contadas, y muy honrosas excepciones, el prurito de su entrepierna se deba más al bombardeo mediático, a una parafilia horrorosa o a una miopía rompetechiana. Luego, en los comments, si los hay, debatiremos más a fondo el santoral político, tanto español como internacional, y me cerráis la bocaza con esas políticas supersexies y atractivas que se me ha olvidado incluír en este post. Ahora, sin embargo, dejadme que os enseñe mis cartas.

No. No son dos mods en Candem: son Carrillo y Lagunero.


Recuerdo, hace años, haber leído en un dominical de El País donde se contaba la anécdota de una joven judía (de algún asentamiento de esos donde apedrean a niños palestinos o talan los olivos centenarios del moro malo por una pintada o un mal gesto a un colono) que había mandado una carta a la Casa Blanca, toa cachonda, alabando el físico de Clinton...no lo entendí: Clinton es una especie de albino con nariz de borracho y los ojos como dos puñalás en un tomate; su mujer parece la hermana tenebrosa de Rebeca de Mornay.Keneddy era como un tonto de pueblo, hasta con soplillos.De Bush ni hablo.Jimmy Carter parecía diseñado por algún satírico dibujante de la revista Mad. Perdonad mi antiamericanismo que, como veréis, es puramente estético.
Pero la fealdad en el mundo de la alta política no se circunscribe a los EEUU: quién le comería la boca a Evo Morales, el único político con un puesto fijo, a su jubilación, como Cabezudo por horas en la fiestas patronales de esos poblachos indígenas tan queridos por él (el día que Evo y José María Fidalgo se encuentren las celebraciones de todas las pedanías que en el mundo han sido se externalizarán en favor de estos dos revitalizadores del pasacalles y los Gigantes y Cabezudos). Chávez es como un Spitting Image modorro que le ha robado el pelo al Harry Osborn/El Duende Verde de la época Buscema. Tabaré Vázquez es el Flaco Menotti 20 años, y mil banquetes, después. Claro, la mezcla de sangres, dirán ustedesvosotros. Vamos a Europa, contesto, lanzando de nuevo mi guante: la Merkel...más fea que el bicho que picó al tren. ¿Y Sarkozy? Por mucho que la supergroupie le caliente la cama el colega parece un funcionario de relato de Kafka. El amigo Giorgio Napolitano es un agüelo. Venerable pero agüelo. El Primer Ministro Británico, Brown, es eso, un marrón para su señora.

Y ya estamos en España, amigos. ¿Será, acaso, donde se romperá la maldición del político feo y rancio, de las fisonomías terribles, del Diputado desagradable, de las constituciones pícnicas? Para nada. Incluso, me atrevería a decir, el secular atraso que nos impusieron los cuarenta años de paz, las pertinaces sequías, el Lorenzo que castiga en estas latitudes y una dieta rica en gorrino ha creado un subgénero único dentro de la raza caucásica. Empieza la fiesta. Dónde si no podrían las señoras en edad de merecer, en las postrimerías de la década de los 70, suspirar por todo un Adolfo Suárez, la versión masculina de Pitita Ridruejo. Cómo delegaría el Soviet Supremo en Carrillo para fiscalizar el PCE español, un tipo al que uno se le imagina de posadero en algún relato de la Dragonlance. Y con peluca mucho peor. Que parecía un Morlock cuando el revival garajero. Calvo Sotelo era como un secundario de la Mansión de los Plaf. Anguita es el visir Iznogoud. De Aznar solo puedo decir que aún tengo pesadillas con su labio de epoxy. Zapatero tiene una pedrá y va como de tripi. La pequeña Soraya es grimosa. El señor Rajoy mete pinta de tener a un par de menores en un zulo. María Antonia Iglesias es un muñeco de Jim Henson. Esperanza Aguirre es una Cruella de Vil que se hace abrigos con piel de funcionario y tiene el cutis como si fuera una toma falsa del rodaje de "Enjambre". Felipe González, de joven, como un transexual a medio hacer. De mayor, un jornalero de Marinaleda con dispepsia. Fraga es como la Cosa sin Fantasticar.

Es la hora de los mamporros


Esto no es sino un muestreo, queridos amigos. Ahora, les reto a que me demuestren que me equivoco. Y no me valen las subjetividades guarruzias de 77 al que ya le va bien una Leire Pajin con el pelo sucio, que solo le falta (a la Pajin, digo) un perro, un pareo y una playa de Cái para ser una satimbanqui del 15. Tampoco admito a seres como Rania de Jordania que son simples trofeos para las Familias Reales. Enamórenme con ese animal político que les subyuga.


No es un planeta. Ni una foto del Monte Rushmore.

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