jueves, 12 de abril de 2007

 

LOS GESTOS DE HESTON



Heston and Bronwyn




parafilia futura




¿unas delicias de... plancton?




apatrullando la ciudad




para el niño Sin, en el día de su onomástica, con un recio y viril palmetazo en las espaldas, de su jefe de policía favorito




ni hablar del peluquín




ale, a la mieeeerda

Comments:
El peluquín el de Michael Moore, que parece que va incluido con la gorra...que Charlton, dentro de lo que cabe, lo lleva con dignidad.
 
Soylent Green is people!
 
a 77:
la quiero, ¡¡¡YA!!!! (¿será comestible?)

a sin:
es que Michael Moore es la antítesis de la dignidad (su único momento digno fue el duet petómano con PG -Patricia Godes no, el otro PG-) y, en cuanto al aplique hestoniano, son ya muchos años, es connatural en él (como otro de mis padres sustitutos de infancia, John Wayne: ¿alguien se lo imagina sin aplique, luciendo helipuerto a lo Agustín González? -como también resulta inimaginable pensar en este último con peluquín-).
 
Agustín González estará por siempre unido a la boina del Padre Calvo.
 
valga la redundancia (por lo del atún, digo)
 
Ufff a Heston o a Wayne calvorotas... no puede ser, son demasiado heroicos como para quedarse calvos.

Eso le puede pasar a Joaquín Almunia, o a Agustín Gonzalez, como decimos, o al padre irritante del de los Serrano, en el caso de Heston, o en el de Shatner, o en el de Connery, o incluso en el de Camilo Sesto, nobleza obliga.
 
La más flagrante contradicción sería la de Lluis Llach: se supone que esas coqueterías de los bisoñés y demás son como de gente conservadora y muy capitalista (os habéis olvidado de Sinatra y de Neil Diamond). ¿Cómo casaba este cantautor catalán tan progresista y antisistema lo del peluquín?
Es como si la boina del Che fuese como lo que decía Sin, a un peluquín pegada.
Creo que el verdadero desencanto empezó no con los Panero cagándose los unos en los otros (y además en sus padres, vivos y/o difuntos) sino cuando Llach hizo outing de calva.
 
Ahí disiento, Zurdo...la compulsión de tapar la calva está por encima de otras consideraciones como pueda ser la ideología política...la calva (como el colesterol, la fealdad, el micropene o la halitosis) es algo que,afortunadamente, están repartidas por todos los estamentos sociales...el intento de corregir cualquiera de estas lacras es realmente aconsejable, seas del grupo social que seas...no es triste un punki con entradas? y una hermosa nínfula de Pozuelo a la que le canta la petaca como si su pony se le hubiese cagado en ella? no es terrible ser un rico armador griego en la flor de la vida con una polla como un cacahuete?
 
¿Y qué me dice de Sabina y sus garras de zopilote? El, a diferencia de Llach, es la verdadera izquierda en este país.
Insisto, los rojeras, en las épocas gloriosas de resistencia, con don Paquito a medio resucitar (no había ni llegado el tercer año), iban todos en plan no precisamente dandy ni lechuguino y les sudaba el sobaco las alopecias, las halitoxis y los cuescos con olor. Esos pelos en la nariz (asombrosos por su longitud, dignos de una glosa pegaminesca) que lucía Paco Ibáñez, ese regodeo en la antiestética del fractal Chicho Sánchez Ferlosio (calvo, amblíope, proboscídeo y supongo que intensamente ecléctico en materia de emisión de olores), esa dejadez sonambúlica de Javier Krahe, ese hirsutismo no menos asombroso de Ovidi (finado y entrañable -el único de los que estoy nombrando que me parece un artistazo, un interpretazo y un poetazo por encima de las dos Españas, las crispaciones y las madres de todas las guerras civiles, etc, etc... vamos, como Brel-).
Eso de los bisoñés era cosa de crooners y de maricones y de políticos del centroderecha. La izquierda, ya que no en el fondo, tenía que aferrarse a las formas. Acuérdense el escandalazo cuando Antonio Gutiérrez rompió con el look camachista y gerardinista para vestir casi como de la patronal, al punto de que, por lo bestiajo, a veces daba la impresión de que el sindicalista era Cuevas y no él.
Hoy mismo aún tenemos, aparte de las mentadas extremidades pterodáctilas de nuestro más querido cantautor madrizleño, esa barba cavernícola de Cándido Méndez (¿para cuándo una glosa en la saga pilosa de este blog del cándido Cándido?: ¿acaso discriminan a los representantes del proletariado?).
En fin, que me reafirmo: lo de Llach fue una traición a la estética de la gauche cantautoril y comprometida (hasta Victor Manuel no decidió a afeminarse del todo hasta que el catalán se confesó bisoñesco: en ese momento es cuando Víctor y Ana empiezan a imitar descaradamente en su concepto escénico a Junior y Rocío Dúrcal -aquellas bocanadas de glam pop en el Parque de Atracciones dónde había que adivinar quién era el macho en esa pareja y, naturalmente, sólo los mal pensados acertaban...-).
Y ¿qué me dicen de Patxi Andión?: toda su carrera haciendo de cantautor (aunque tuviese mentalidad de madero pegón con las mujeres -al final, acabaría dejando el cante y haciendo sólo series de policías-) con esa garganta a medio destrozarse, esa uniceja, esa barba cerrada, esos jerseys a lo Marcelino Camacho, y resulta que el Llach, mucho más radical y auténtico que él en su obra, llevaba bisoñé. No, no hay derecho.
 
Bisoñé, peluca, y pelucón son por ese orden 3 saltos cualitativos y cuantitativos en la determinación de dejar atrás la calvicie. En mi opinión lo primero supone un grotesco intento por mitigar la carencia capilar, que de manera irreversible evidencia un mal llevado complejo y es que quien lleva a cabo el ardid cae en la burda inconsciencia de confiar en poder hacer pasar su artificio por natural, ejemplo un Juanito Valderrama. Luego la peluca es un remedo bastante más elegante pero igualmente fallido. Por eso la solución final está en el implante capilar pelo a pelo o, pillar al toro por los cuernos y hacerse con un deschavado pelucón, autoconsciente y antinatura, como el de la última época de Andy Warholl, esclavo este, además de su cassete (como decía la zurdera canción) de su plateado, hiperbólico, y artificial flequillo. En este caso, sobre todo cuando llevaba mal colocado el implante, sí se puede hablar de cierta dignidad, de todo un señor que se viste por la cabeza, digo.
 
En Andy Warhol lo artificial es natural. Ergo, tenía el pelo que le correspondía.
Lo contrario de Llach (y dale molino -no, no me callarán, gritaré mi mensaje hasta el finaaaal...-).
 
Hace 4 años que tengo problemas con la calvicie, desde entonces comencé a investigar métodos que me puedan ayudar. Toda la información que se publica en internet me sirve para conocer experiencias de otros respecto a este tema.

Gracias
 
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