sábado, 20 de octubre de 2007

 

Pateando la calle: Perros (1)

En ese barrio (de cuyo nombre no quiero acordarme y en el que viví hasta los 23 añazos) del que les hablo frecuentemente en este Muro de las Lamentaciones que hemos levantado como un grupo de albañiles tontunos, -en ese barrio, decía- aparte de yonquis, una cabaña de enfermos mentales apenas superada por la de Ciempozuelos o Leganés, y muchos jevis, había de perros legión, entre los cuáles destacaban algunos campeones y machos alfa que, con una buena planificación, podrían haber engendrado el Perro Futuro, el amigo del hombre del siglo XXI.



Felipe

El perro más feo que he tenido la (mala) suerte de ver. Gordo, paticorto, con rabito recortado, bajito, de color blanco sucio y con la nariz rosa (lo nunca visto). Una mezcla entre Babe el cerdito valiente, una cobaya y un pony desmejorado. De pelito corto, al ras, ojos amarillentos y cara de tonto, Felipe tenía algún tipo de dolencia gástrica (hernia de hiato, úlcera péptica o reflujo) que hacía que cada vez que nos veía se acercara trotando y a un par de metros empezara con sus espasmos para terminar potando un bolo putrefacto y alienígena que nos dejaba como tributo para irse corriendo y esquivando las piedras que le tirábamos con el mismo cariño que él nos demostraba con su alimento mal digerido. Desde lejos, su dueña, la simpar Señá P., nos lanzaba una sonrisita nerviosa y balbuceaba: "está mal...pobrecito...chiquitín...Felipe". Destacar que si bien tenía la trufa rosa y el cuerpo blanco, su ojete, el ojete que nos mostraba siempre mientras corría tras echar la raba, eran extrañamente negro brillante, como si se lo hubieran forrado de látex o betún, como una flor negra que brotara en un sitio turbador.
Dado que siempre fuímos amigos de los animales, y que teníamos malísima puntería, la única posibilidad de venganza que nos brindaba la vida la ejercíamos en la persona de su balbuceante dueña, a la sazón propietaria de un kiosco de chucherías, a la que volvíamos loca pidiéndola golosinas que aún no se habían inventado como "abalasitos de fresa", "tiriñaques" o "fronskys de chocolate" mientras ella, con la risita nerviosa, mirándonos fijamente a los labios, como una sordomuda que leyera en ellos, iba poniendo la mano en los distintos botes de gominolas probando suerte, cada vez más nerviosa mientras nuestro especialista en desestabilización de kioskeras, J, impertérrito, iba moviendo la cabeza a derecha e izquierda, en un frío-caliente, o señalaba a nada en particular mientras decía: "ahí...un poco más....debajo....son azules" y a la señá P. le surgía una risita nerviosa hecha de bochorno puro mientras musitaba: "no sé lo que queréis...eso no lo tengo....es esto?". Mientras tanto, todos, ella y nosotros, nos sonreíamos con la mayor de las cortesías, poniendo cara de buenos. La confrontación duraba unos 3 ó 4 minutos intensísimos, de puritito spaguetti-western, que terminaban cuando el colega, harto ya de guiar mesméricamente el brazo de la kiosquera, elegía algo al azar (huevos fritos, nubes o regaliz) y decía: "eso es, eso". La señora respiraba aliviadísima, como la que ha pasado una prueba vital terrible y nosotros nos replegábamos a nuestro banco-cuartel en una tensa guerra fría que se rompía el siguiente día en que a Felipe no le sentara la merienda.

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Comments:
Lo de fijarse tanto en el ojete húmedo de los perros resulta inquietante...
 
No podía por menos que reseñarlo...el esteta que hay en mí se removía cuando veía ese cuajarón de tinta china en el culete blanco de Felipe
 
Fijo que el bobón de Felipe también lo tiene así.
 
el de ASturias, González o Campuzano? a qué Felipe se refiere usted, enanofóbico?
 
Al bobón.
 
La peste bobónica, aaagh...
 
jajaja mi profesor de historia los llamaba así, bobones, cosa que enfadaba mucho a alguno de los padres que le llegaron a montar una minimanifa persecutoria en el aparcamiento llamándole cosas como: ingrato, revisionista, carlista y lindezas por el estilo.
 
Yo lo de Bobón lo escuché por primera vez en un mítin político del FPG.
Pero lo que quería decir es que también conocí a un perro con hocico rosado, aunque su mayor particularidad no era esa sino que el enano pesaba el triple que los de su mismo tamaño, como si estuviese relleno de algún pesado metal...
 
materia oscura
 
En sus barrios de ustedes no había perros disfuncionales y alienados? en el mío, mazo..."el whisky", "el cosita", "el tizón"....mabre, maikel yánson
 
Yo siempre me acordaré de "el Lucas", aquel perro negro (creo que pastor belga) que se arremolinaba entre los renombrados "jichos" de una Plaza cercana al cole y al que estos supuestamente le daban de comer tripis, entre otras cosas, y que además le sentaban de maravilla porque siempre se le volvía a ver por el mismo lugar como queriendo más...
 
Escribe Ud. estupendamente bien, Don Julito, le haría toda clase de cochinadas, estooooo, ejem.... Y diga, no será Ud. por casualidad el Grace Morales ese de Mondo Brutto, que escribe muy similar a Ud. Uno de los otros se ha copiado, vamos. Plagiador!
 
Calla, mariquita
 
¡Bujarrona!
 
Oiga!!
 
usted no, paca...usted es un homofilo varonil y que gusta de las pollas y la estetica de tom of finland...este es un mariquita que se echa colonia chispas, dice mari, cerdi y guarri y tiene mas pluma que un edredon de ikea
 
Y... que decir del "pipi" eh! D.Julito?. Y el "Chacal,la "Coca", el "Mangui", ese chuskel del "Bode"
 
Hostia...sí, qué perros ha dado el barrio! como se llamaba el perro de la Maicánmen? y el perro del Lirón? y que me dices del Chicho, el perro del Luisito?
 
¿Hay colonia Chispas a día de hoy?
 
Pregúntale al colega Dani Caracas
 
uys homofilo jajaja, yo profeso la perversion polimórfica Don Julito. Lo de varonil, es el primero que me dice eso, bendito blogspot...
Una tiene la costumbre de sumir en paradojas a la gente; mi aspecto no tiene nada que ver con mi dicción y maneras. Yo digo guarri y cerdi y chooocho!! moi non plus...
el oiga era reclamando mi dosis de glitterismo nominal
 
¿Hay colonia Chispas a día de hoy, Dani Caracas? Es que como no fue mi primera colnia pues igual por eso estoy tan mal y aún estoy a tiempo de parar mi casi imparable descenso a los infiernos.
 
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