sábado, 24 de noviembre de 2007
Pateando la calle: Perversiones

No se equivoquen. La perversión no es hacer una pintada al estilo bomber o splint. La perversión es el mensaje. Miren en el filo superior del pétreo marco que circunda, adelantado, éste hermoso y madrileño ventanal.
"Yo estoy enamorado de mi mujer"(1)
Una boutade, dirán algunos. Una verdad como un templo, dirán los más rosas sin alterar el gesto.
"Yo estoy enamorado de mi mujer"
Ustedes, cínicos de pro (pero no en plan Diógenes de Sinope,no...más bien en su acepción "más mentirosos que Ana Obregón" y en la del Diccionario de la RAE "Desvergüenza en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables"), suscribirán lo dicho por el sector romántico del fandom (si es que ambas cosas existen en Pegamin). Es su línea de actuación, claro. Se les supone, que dijo el otro. Pero saben que ésta frase se da de hostias con el ordenamiento del universo tal y como lo conocemos. Por tanto, no siendo posible interrogar al autor y dado que no tenemos pruebas para demostrar la veracidad de tal aseveración nos decantaremos por asegurar que, posiblemente, se trate de una mala transcripción del pensamiento del sujeto, que en relidad quería informar a sus conciudadanos de otra cosa:
"Yo estoy enamorado de tu mujer"(2)
Esto ya nos cuadra más en tanto que behavioristas, españoles y varones heterosexuales.
También podría ser que, ahora que todas las modas y corrientes se reciclan, nos encontráramos con un Enésimo Advenimiento de los Cantantes Melosos y Calientachochos de finales de los 70´s-principios de los 80´s. Esos que discurrían en paralelo al Rrollo, la Movida y el Heavy Metal patrio, tipo Camilo Sesto, Iván, Pedro Marín o Pablo Abraira (lo que sería un gesto de la más rabiosamente avant-garde) y, de nuevo con los nervios de las prisas, el autor se equivocara fallando al intentar comunicarnos:
"Yo estoy enamorado de tí, mujer"(3)
Como esto último está traído de los pelos, y aunque no descartamos el factor locura, ingesta de psicoactivos o simple maldad, hemos de decantarnos por el enunciado (2) no sin un cierto pesar pero qué quieren, el mundo es así no lo hemos hecho nosotros.
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